Bella y la bestia, o sea yo. Tercera parte de mis locos recuerdos...


A  mi primer taller literario asistí de 15 años cumplidos. Yo era todo un hombrecito ganoso, con algunos cuentos pésimos y cierta tendencia a hablar con los árboles.

El taller resultó un diálogo de sordos. La lucha de egos te hacía sentir tan hacinado como en el metro de Santiago a las 6 de la tarde. En realidad todos se creían García Márquez, y eso es bueno, creerse el cuento;  pero  es que sólo se escuchaban a sí mismos, no toleraban las críticas, y en realidad la mayoría no había escrito nada destacable.

El profesor era un escritor ya mayor, que intentaba hacerse escuchar entre el griterío fétido. Yo apuntaba todos sus consejos, seguro de que me servirían algún día. Recuerdo que nos aconsejaba transcribir los grandes libros, leer 100 veces 100 años de soledad; corregir 500 veces nuestros escritos y luego echarlos a la hoguera. Un maestro. 
  
Yo me iba a retirar del taller porque estaba aprendiendo a huir de estos literatillos con súper egos insoportables, hasta que la vi a ella. Me frené en seco. 

Habrase visto una mujer tan  insoportablemente bella, sí, era bella, pero tal cual lo dice la canción, era orgullosa como una hiedra, y me fingía un amor que jamás lo sentía de veras, sólo quería sentirse halagada y oír que era bella.

Yo, desde el momento en que entré en contacto con su planeta interior me abstraje del taller, dejé de escuchar a esos súper escritores y a sus egos flotando en la sala de clases, mirando hacia abajo al resto, mirándose el ombligo, excitándose con ellos mismos. 

Para mí lo único importante era bella y sus piernas tan largas y curvas que hacían innecesario al resto del cuerpo; cuando se lo dije luego de bebernos una docena de cervezas me sonrió  con una distancia y serenidad que la hizo más bella e inalcanzable  aún. Entonces yo supe que ella era una hada, inabarcable e inconmensurable, una especie de ilusión gelatinosa que ahora, con la distancia y la locura de los años me ha hecho dudar de su existencia.

Del taller me retiré a la mitad, de los súper escritores  nunca más tuve noticias, ninguno se consagró. Bella, bueno, creo que efectivamente era una ilusión… 
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