MI PRIMER AMOR


Me advirtió que no la siguiera, en realidad fue una orden, pero cuando uno es joven se cree inmortal y camina sobre clavos fingiendo que no te duele.

Se llamaba Ina, y nació en un baño de un hospital. Su madre la abandonó en el cesto de los papeles y una enfermera la adoptó. Pero Ina se mandó cambiar apenas cumplió 18 años, era muy rebelde y llevada de su idea.

Yo la conocí en una fiesta creativa en la facultad de artes. Ella jugaba con sustancias potentes, de hecho me confundió con un milodonte. Alucinó toda la noche con mi supuesto parecido al enorme mamífero. Yo le seguí el juego lanzando torpes zarpazos, cada vez menos zarpazos y más torpes hasta que se me borró la señal y desperté al día siguiente durmiendo en la plaza de Maipú con el sol ensañado con mi cara de zombie. Afortunadamente tenía los documentos y no me dolía nada.
Intenté recordar, pero nada, fue como  si me resetearan.

La busqué en la U, pero nadie la conocía, se quieren pasar de listos los gueones, yo pensaba, si estuve en la fiesta del fin de semana, pero no me pescaron, creían que yo era un oficial encubierto, siempre la gente me halla pinta de militar.

Regresé a clases y estuve atento a la próxima fiesta que por supuesto como todas esas fiestas reventadas no se avisan, o sea, la posibilidad de perdérmela era cierta, a menos que jugara de vivo.
Hasta que caché algunos indicios, en realidad fue gracias  a que me hice amigo del Maxi, un bacán, una especie de gurú, seco para la filosofía que te podía conversar sin parar durante toda una noche del  tema que le propusieras, no, el gueón se pasó, se lo había leído todo y recorría el mundo de pe a pa porque su viejo nadaba en billetes.

No sé porque me aceptó en su selecto grupo, pero cuando me dijo que lo acompañara a la fiesta no lo dudé porque yo sabía que se trataba de la fiesta creativa y efectivamente estaba Ina otra vez en la misma parada de probar sustancias alucinógenas, sí, le dije, soy tu milodón, pero ni cagando me voy a borrar esta noche le dije, y esperé insoportablemente lúcido a que la fiesta se acabara y ella me amenazó en serio que no la siguiera, que qué guea me creía pendejo tal por cual, y le hablé de amor, de cuánto significaba para mí, pero nada, unos amigotes de ella me sacaron la cresta para que aprendiera a no  meterme donde no me invitaban y se fue con el Maxi mientras me pegaban hasta cansarse, y así fue que la dejé de ver, acobardado por la paliza, pero seguro de que ella fue mi primer amor, aunque les confieso que no le toqué ni la sombra...

Category: 0 comentarios

0 comentarios:

Publicar un comentario