Aún quedan dos gotas

Aún quedan
dos gotas de parafina
en el estrecho espacio de una lámpara.
Y la débil llama
quema el lejano tallo de la noche.


Hay un poco de polvo
en todas las cosas
que el hombre quiere hacer eternas:
en el relincho infinito de un caballo,
en la tristeza de un gato muriendo entre las tejas,
en el olvidado instrumento que nunca nadie tocará.

Ese polvo vegetal
que mi madre traía en sus zapatos viejos
después de espantar
los gansos ajenos en el camino.

Por Jaime Quezada
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