CÁNTARO

Y ahora empiezo a moverme
en el fondo de tu cántaro.
Envuelto entre raíces y crepúsculos,
entre el agua viva
que va mojando mi corteza verde,
entre árboles
que me enseñaron a amar la noche y la distancia.

Y yo, obrero de tu sangre,
de tu tierra húmeda y sonora,
más sonora que la honda raíz de tus vasijas,
estoy abriendo surcos
con el ala desnuda de un gorrión muerto
para sembrar semillas de olivos y palomas.
Jaime Quezada
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